jueves 16 de abril de 2009

Y entonces un día.

Y entonces, sin darme cuenta, aquello que tanto había soñado, eso que deseaba, estaba ahí frente a mí. Hecho realidad, una hermosa realidad por cierto.
Esos dos mundos que creía paralelos, aquellos que una vez supuse que jamás se unirían; un día quisieron juntarse.
Aquel mediodía de febrero, al dejarme llevar por una invitación a ver el sol, la sorpresa me espero en la mismísima puerta de mi casa. Sorpresa absolutamente inesperada, como toda sorpresa que se jacte de tal. Ante el asombro hubo nervios, esos nervios que te hacen temblar las piernas y el corazón te late a mil. Pero no hubo dudas, y la invitación a mirar el sol, fue correspondida con la de pasar por primera vez al hogar familiar, a comer comida casera y a una tarde de sol con cindor y oreos.
Ese martes de febrero fue el principio de muchas cosas, algunas ya cumplidas y muchas otras que están por venir.
Aquel día dio lugar a un desayuno de aniversario, litros de un riquísimo té de jengibre, comidas en familia, ravioles caseros, risas, buena música, competencia de pictionary (ganada en buena ley para asombro de los rivales de turno), película con moraleja y muchísimas cosas mas.
Pero quizás el recuerdo más fresco es sin duda, mi cumpleaños. Segunda conmemoración de mi natalicio en que los tres deseos al soplar las velas lo tienen a él como coprotagonista, pero primero en que aquellos dos mundos en los cuales alguna vez viví, hoy felizmente son solo uno.
Uno de los pocos cumpleaños en el que el “feliz cumpleaños” no fue solo una frase hecha, sino una realidad. Cumpleaños que hice lo que realmente quise; y lo que quise fue pasarla bien, tranquilo, con mi selecto grupo de gente.
Para empezar cena de sábado a la noche, noche que duro hasta la madrugada, noche de risas, recuerdos, daiquiris, una noche exactamente igual a como la había imaginado, recibiendo ese día junto a mi novio y mis amigos. El broche de oro fue la cena del día del cumpleaños propiamente dicho. Escenario: restaurante en Palermo. Mucha comida, torta y champagne. Madre, hermana, novio y yo. Y entonces, sin darme cuenta, aquello que tanto había soñado, eso que deseaba, estaba ahí frente a mí. Hecho realidad, una hermosa realidad por cierto

martes 24 de febrero de 2009

365

La misma ansiedad; los mismos deseos, un año después ♥

sábado 14 de febrero de 2009

Sos groso, sabelo.

El año pasado fui cruel con él. lo se. Y aun así él se porto como un caballero conmigo. Quizás no debí tratarlo de esa manera, ponele. No es por justificarme, pero es que la paciencia no es la cualidad que mejor me caracteriza. Ahora que lo pienso en frío, admito que si mantuvo por tanto tiempo su cargo, si por tanto tiempo nadie lo reemplazo, seguramente sea porque es bueno en lo suyo, lo que hace lo hace bien, y los resultados están a la vista. Bueno si, reconozco que cuando tiene que actuar, lo hace con rapidez. Es que yo ya me estaba preguntando ¿Cuando seria mi hora? ¿Porque se tardaba tanto conmigo? ¿Debía esperar mucho más? Pero siempre lo mismo, burocracia y mas burocacria…que no tenia la experiencia suficiente…que no reunía todas las condiciones…en fin.
Y como es característico en su labor, obtuve esas respuestas con hechos.
Mi hora llegaría cuando yo este preparado para eso. Cuando se trata de estos temas, no es tan fácil, supe después. No es soplar y hacer botellas como reza el dicho. Tiene que ser en el momento justo; cuando uno este dispuesto para que eso ocurra. Tampoco es cuestión de experiencia, no no no, acepto que no tenia mucha en el tema, se trata de otra cosa. De tener las ganas. De armarse de un poco de paciencia, de saber esperar por lo bueno. Y eso vale la pena, porque cuando uno es exquisito y confía en él, es ahí cuando salen los mejores resultados.
Y no era que tardaba tanto. No, claro que no, seamos realistas, el tipo es un dios, se maneja como pez en el agua con esto, tiene todo bajo control. Uno se piensa que se olvido y nada que ver, el loco esta trabajando hasta quemarse las pestañas para tener todo bajo control. Él chequea horarios, lugares, antes de dar un paso verifica que todo va a salir bien. Supongo que en todos los casos debe hacer lo mismo, pero yo estoy hablando particularmente por el mío. No hizo la típica para sacarse laburo de encima “bueh ahí tenes lo que buscabas, toma” no jamás, se esmeró, sabia lo que yo deseaba y fue eso lo que me dio.
Y no debía esperar mucho mas, miren como actuara de rápido cuando uno ya esta en condiciones y reúne los requisitos necesarios; que a los cinco días que yo presente la queja hace justamente un año, él presento el proyecto en que venia trabajando. Y a la semana de eso, el trabajo ya estaba realizado. Listo para que siga el camino que debía seguir en estos casos.
Porque sinceramente, después de que él da el flechazo inicial, delega. Posta, es un guacho, porque sabe que hace tan bien su trabajo, que una vez que junta las piezas iniciales, listo, deja que las cosas tomen su curso natural.
Cupido, sos groso man. Sabelo.

domingo 25 de enero de 2009

Eleven

-El amor es algo mucho mas complejo de lo que uno cree.
-Explíquese licenciado.
-Podríamos decir, aunque suene esquemático, que hay tres momentos en el desarrollo de un amor maduro: enamoramiento, desilusión y aceptación de la realidad.
En el primer momento, el amado es alguien maravilloso, no tiene defectos, nadie es mejor que él, está terriblemente idealizado, casi endiosado. El amado se ve engrandecido y en cambio uno se va empequeñeciendo, hasta el punto tal de no poder entender cómo alguien tan perfecto se ha fijado en uno.
En el segundo momento comenzamos a percibir imperfecciones en la persona amada. Vemos que ante determinadas situaciones su carácter no es el mejor, que en algunas cosas se equivoca, y esos rasgos, que ya estaban pero que el enamoramiento nos impedía percibir; nos producen pena y desilusión y así como en el primer momento ya queríamos casarnos y estar juntos para toda la vida, en este segundo momento es probable que queramos que se vaya para siempre.
-Entonces, ¿qué se debe hacer?
-Reconocer que ambos momentos son engañosos, y que ninguno de los dos es el amor.
-¿Y qué es el amor, entonces?
-El amor sería un tercer momento en el cual vemos al otro como es. Ni tan idealizado ni tan degradado. No es ni Dios ni el demonio. Disfrutamos de sus virtudes y aceptamos sus faltas. Y a pesar de ellas lo aceptamos y podemos ser felices a su lado. Recién ahí podemos hablar de un amor maduro con posibilidades de proyectarse en el tiempo de una manera sana. Porque la clave del amor, está en reconocer los defectos del otro y preguntarse sinceramente si uno puede tolerarlos sin estar todo el tiempo protestando, y ser feliz a pesar de ellos.

viernes 28 de noviembre de 2008

Sueños semilla.

En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.
Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnifico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.
En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después.
Cada semilla sabe como transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los juegos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen para dar.
Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.
Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas…para convertirse en árboles.
Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.
Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre cosas y entre personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado, nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta. Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez enceguecedora.
Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos…
Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.
Nada hay que temer.
…una sabiduría interior las acompaña…
porque cada semilla sabe
cómo llegar a ser árbol.

sábado 11 de octubre de 2008

Darse cuenta.

Me levanto una mañana, salgo de mi casa, hay un pozo en la vereda, no lo veo, y me caigo en él.

Día siguiente… salgo de mi casa, me olvido que hay un poco en la vereda, y vuelvo a caer en él.

Tercer día, salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un pozo en la vereda, sin embargo no lo recuerdo, y caigo en él.

Cuarto día, salgo de mi casa tratando de acordarme del pozo en la vereda, lo recuerdo, y a pesar de eso, no veo el pozo y caigo en él.

Quinto día, salgo de mi casa, recuerdo que tengo que tener presente el pozo en la vereda y camino mirando el piso, y lo veo y a pesar de verlo, caigo en él.

Sexto día, salgo de mi casa, recuerdo el pozo en la vereda, voy buscando con la vista, lo veo, intento saltarlo, pero caigo en él.

Séptimo día, salgo de mi casa veo el pozo, tomo carrera, salto, rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado, pero no es suficiente y caigo en él.

Octavo día, salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, salto, ¡llego al otro lado! Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido, que festejo dando saltos de alegría… y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.

Noveno día, salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, lo salto, y sigo caminando.

Décimo día, me doy cuenta recién hoy que es más cómodo caminar… por la vereda de enfrente.

domingo 28 de septiembre de 2008

¡Los adultos son muy extraños!

-¿Puedo sentarme? -preguntó tímidamente el principito.
-Te ordeno sentarte -le respondió el rey-, recogiendo majestuosamente un faldón de su manto de armiño.
El principito estaba sorprendido. Aquel planeta era tan pequeño que no se explicaba sobre quién podría reinar aquel rey.
-Señor -le dijo-, perdóneme si le pregunto...
-Te ordeno que me preguntes -se apresuró a decir el rey.
-Señor… ¿sobre qué ejerce su poder?
-Sobre todo -contestó el rey con gran ingenuidad.
-¿Sobre todo?
El rey, con un gesto sencillo, señaló su planeta, los otros planetas y las estrellas.
-¿Sobre todo eso? -volvió a preguntar el principito.
-Sobre todo eso… -respondió el rey.
No era sólo un monarca absoluto, era, además, un monarca universal.
-¿Y las estrellas le obedecen?
-¡Naturalmente! -le dijo el rey-. Y obedecen en seguida, pues yo no tolero la indisciplina.
Un poder semejante dejó maravillado al principito. Si él disfrutara de un poder de tal naturaleza, hubiese podido asistir en el mismo día, no a cuarenta y tres, sino a setenta y dos, a cien, o incluso a doscientas puestas de sol, sin tener necesidad de arrastrar su silla. Y como se sentía un poco triste al recordar su pequeño planeta abandonado, se atrevió a solicitar una gracia al rey:
-Me gustaría ver una puesta de sol... Déme ese gusto... Ordénele al sol que se ponga...
-Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿de quién sería la culpa, mía o de él?
-La culpa sería de usted -le dijo el principito con firmeza.
-Exactamente. Sólo hay que exigirle a cada uno, aquello que es capaz de hacer o de dar -continuó el rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables.
-¿Entonces mi puesta de sol? -recordó el principito, que jamás olvidaba su pregunta una vez que la había formulado.
-Tendrás tu puesta de sol. La exigiré. Pero, según me dicta mi ciencia gobernante, esperaré que las condiciones sean favorables.
-¿Y cuándo será eso?
-¡Ejem, ejem! -le respondió el rey, consultando previamente un enorme calendario—, ¡ejem, ejem! será hacia... hacia... será hacia las siete cuarenta. Ya verás cómo se me obedece.